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recorrido v.
la tragedia del VIAJE




La muerte es aquello que realmente llega sin ser esperado, que sacia toda la sed acumulada durante la vida y calma, al fin, las inquietudes del hombre. La muerte, como fenómeno natural, es parte integrante de la vida. Para que la vida sea vida que implica crecimiento y renovación, la muerte es un constituyente inevitable, por no decir necesario. (Cheng, 2007:36).











En las fotografías realizadas en la investigación hay una visión afligida de lo perdido, del misterio, la mortalidad y la caducidad. Mediante las fotografías seguimos del modo más íntimo y perturbador la realidad del envejecimiento. La fotografía es un inventario de la mortalidad.
Podemos apreciar lúgubres fábricas a través del ojo de la cámara, como iglesias y paisajes bucólicos.

Lo peculiar y fecundo de la ruina es que de ella emana un doble sentimiento: por un lado, una fascinación nostálgica por las construcciones debidas al genio de los hombres; por otro lado, la lúcida certeza, acompañada de una no menor fascinación, ante la potencialidad destructora de la Naturaleza y del Tiempo. Símbolos de la fugacidad, las ruinas llegan a nosotros como testimonios del vigor creativo de los hombres, pero también como huellas de su sumisión a la cadena de la mortalidad. (Argullol, 2006:23).

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