RECORRIDO I. APRENDER A OBSERVAR






Según el fotógrafo y ensayista Joan Fontcuberta, no nos queda nada que fotografiar puesto que todo está ya fotografiado. Sin embargo, el mero hecho de enfrentarse a la cámara con el objetivo de recoger el momento supone algo placentero; como si capturando el instante pudiésemos disfrutarlo toda la vida.
Si bien, es necesario saber apreciar realmente cómo la fotografía mueve y capta nuestra atención. Es curioso, que vivamos en una sociedad tan avanzada en cuanto a tecnología relacionada con la imagen y no sepamos realmente los entresijos de la misma imagen. ¿Por qué la fotografía resulta tan poderosa?
La fotografía se convierte en documento al informar de hechos concretos, es interpretada/leída por quien la contempla en base a unos códigos de legibilidad convencionales, y es reproducible, o sea, que puede, y de hecho es reproducida para su difusión, y la información contenida en la fotografía, aunque ésta esté en un plano de simples impresiones, puede ayudar a hacer emerger algunas pistas que permitan una mejor comprensión de la realidad estudiada, pues una fotografía es siempre una huella de la realidad (Guran, 1999: 142). Aunque, hemos de poner hincapié en que no todo en la fotografía es real, de hecho, en los últimos años hemos notado cierto abandono por los métodos tradicionales de fotografía y hemos optado por retocar excesivamente la imagen. Este hecho nos viene dado principalmente de la publicidad ya que es ella la encargada de transformar la realidad en ficción.



















Fotografiar no es mirar. Se debe realizar un trabajo exhaustivo en observar lo que uno quiere fotografiar y desarrollar un gusto estético. Moholy-Nagy hacía referencia a que la fotografía retiene y mejora nuestros poderes de observación, conlleva una «transformación psicológica de nuestra vista» (en un ensayo publicado en 1936, afirma que la fotografía crea o expande ocho modalidades de la visión: la abstracta, la exacta, la rápida, la lenta, la intensificada, la penetrativa, la simultánea y la distorsionada) Dichas modalidades de visión sólo se consiguen con la constancia y la práctica del fotógrafo. Es importante tener esto en cuenta, ya que el autoaprendizaje consiste en eso precisamente: en el uso constante de la cámara fotográfica.
Los fotógrafos declaran que su labor es el descubrimiento, el registro, la observación imparcial, el testimonio y la exploración personal. (Sontag, 2006:181).
En la fotografía hay una sucesión de redescubrimientos más rápida que en cualquier otro arte.
Gracias a la fotografía somos capaces de definirnos y definir a los demás.