RECORRIDO IV. submundos
La fotografía al principio se consolida como una extensión de la mirada del flâneur (paseante), cuya sensibilidad fue descrita tan atinadamente por Baudelaire. El fotógrafo es una versión armada del paseante solitario que explora, acecha, cruza el infierno urbano, el caminante voyerista de extremos voluptuosos. Catador de la empatía, al flâneur el mundo le parece <pintoresco>. Al flâneur no le atraen las realidades oficiales de la ciudad sino sus rincones oscuros y miserables, sus pobladores relegados, una realidad no oficial tras la fachada de vida burguesa que el fotógrafo <aprehende> como un detective aprehende a un criminal. (Sontag, 2006:85).



El fotógrafo se sumerge entre las luces de neón de los bares de carretera, o se deja embaucar por la velocidad y las extrañas sombras que se proyectan sobre el oscuro arcén. Para el fotógrafo, trabajar de noche es una ventaja. La cámara fotográfica, a diferencia del ojo humano, puede recoger más información cuando apenas hay luz; y es que, la cámara fotográfica trabaja con el mismo mecanismo que los ojos de un felino. El felino agranda las pupilas cuando no hay luz para poder captar toda la claridad posible y poder acechar a su presa en la noche. La cámara abre el obturador para recoger toda la luz posible. Sin embargo, un felino es más rápido a la hora de cazar que una cámara.







En estos lugares tan poco comunes es la cámara la que nos da seguridad para poder adentrarnos en ellos. La cámara fotográfica es un filtro entre el objeto y el sujeto, es una mirada indirecta. Por eso nos da seguridad, nos hace meternos en la piel de alguien que no somos, nos hace camuflarnos en el lugar donde estamos. Sin embargo, fotografiar de noche hace que el fotógrafo sienta respeto hacia todo lo que le rodea, ya que el mundo de la carretera suele ser un poco “underground” y voyerista en muchos sentidos. Si bien, la carretera y la noche crean esa especie de mito que todos, del alguna u otra manera, tenemos en nuestra cabeza. Para aquel que no se haya adentrado con una cámara de fotos en la carretera de noche, piensa que tan solo podrá encontrar el mal. Desde clubs de chicas donde los hombres abusan de su condición de hombres y las mujeres se aprovechan de su condición de mujeres, hasta camioneros borrachos y solitarios en busca de caminos extraviados por donde merodear. Pero en realidad hay poco de eso. Lo que me he encontrado en la carretera de noche es silencio. Un silencio profundo y frío. Viajar de noche ha sido toda una sorpresa, ya que se percibe una tranquilidad absoluta.









