RECORRIDO II. EL HOMBRE Y LA MÁQUINA













La cámara, como el automóvil, se vende como un arma depredadora, un arma tan automática cómo es posible, lista para saltar. El gusto popular espera una tecnología cómoda e invisible. Los fabricantes confirman a la clientela que fotografiar no requiere pericia ni habilidad, que la máquina es omnisapiente y responde a la más ligera presión de la voluntad. Es tan simple como encender el arranque o apretar el gatillo. (Sontag, 2006:30).
A menudo se ha hablado de la incomodidad psicológica que provoca la presencia de un fotógrafo, un outsider, un extraño, un intruso. (Fontcuberta, 1997:31).
Todo mensaje tiene una triple lectura: nos habla del objeto, nos habla del sujeto y nos habla del propio medio. Para la fotografía, estas tres facetas fueron denominadas gráficamente por Joan Costa como ojo, objeto y objetivo. (Fontcuberta, 1997:21).










